Aquí me hallo, frente a ti, sin culpa, y con ganas de ofrecerte mi alma desnuda y mi cuerpo ensangrentado, tan rojo como el impúdico infierno que construiste, a tu imagen y semejanza. Rezo por última vez, pero… por no encontrarme contigo.
Que sepas que “Te abandono, y puedes quedarte con mis restos”