La inmersión en la crítica a esta institución milenaria trata de canalizar una especie de inverso exorcismo y se centra en el Pecado. El Pecado en dos vertientes, el que protagoniza fruto de la hipocresía, y el que injustamente ha vertido en sus penitentes, concretamente en la mujer.
La mujer aquí presente aparece madura y segura rebelándose ante las leyes divinas. Son damas que, conscientes de haber sido injustamente señaladas como fuente de desdichas, vergüenzas y culpas asociadas a la carne, ahora deciden enfrentarse a Él en su Palacio. Son conciencias grabadas por el miedo al Pecado. El mismo Pecado que ahora le arrojan, a veces con humor, pero siempre con calma y determinación.
La otra vertiente la eyacula la propia fuente, la que señala, emana y al mismo tiempo arroja ese pecado sobre el débil, la que irradia falsedad y astucia para cargarle con la angustia de la culpa. Comportamientos pecaminosos frente a la bondad de su teoría.
“Al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios”.
Pero aquí, sólo hay Pensamientos, Palabras, Obras y Omisiones convertidas en Imágenes.