El hilo conductor de la serie recae en un animal que contempla una escena o es parte activa de la misma. Las escenas revelan aspectos de la fragilidad, desdicha o estupidez humana que no siempre se evidencian o que, en ocasiones, se guardan de manera consciente.
La serie consta de dos partes:
La 1ª parte : 11 obras de mayor tamaño (óleos y acrílicos que pueden verse a continuación) son el reflejo de nuestras frustraciones, miedos, desengaños, amargura, rabia, dolor … sentimientos que se traducen, a veces, en comportamientos ajenos a lo común y que el universo neuronal gestiona de manera autónoma, rindiendo homenaje a nuestro subconsciente y liberando extrañas sustancias en el cerebro que esclavizan al cuerpo, al ser físico. Éste reacciona a través de Insólitas Adicciones y Secretos confesables… o no, ambos, conectados por la necesidad de que permanezcan en la más estricta intimidad, por la necesidad de mantenerlos ocultos… o no. Sólo hay un testigo capaz de relatar lo sucedido, pero no puede ni le interesa, ni le importa contarlo.
La 2ª parte: 11 obras de menor tamaño (dibujos, acuarelas, técnicas mixtas que pueden verse en la pestaña de Fragmentos) son Metáforas Visuales donde un animal sigue estando presente, pero aquí además, es agente activo en la escena, conectando con la idea de un viaje interior. Nacemos habitando un espacio de pureza absoluta pero nos enfrentamos a la pérdida de la inocencia… una carga impuesta y necesaria para convertirnos en individuos que buscan la plenitud. Y tras ello, a menudo, comprendemos, con dolor, que el mundo no es la morada perfecta. Es una fractura vital y el momento en que descubrimos que nuestras acciones tienen sus consecuencias. Es ahí donde se nos rebela la dualidad existencial entre el bien y el mal.
En ocasiones, se odia con fundamento… y sin él, se odia para sentirnos vivos y se odia como instrumento para manipular a los demás desde nuestro yo. Pero el bien no es sólo la ausencia del daño, del mal, sino la voluntad de construir y de entender al otro. A veces, el ser humano, en vez de procesar el dolor lo transforma en resentimiento, y no pocas veces…. el mal que se proyecta se vuelve contra uno mismo, porque actúa como un ácido corrosivo destruyendo el recipiente que lo contiene antes de salpicar a su objetivo.
Y si la inocencia no es recuperable…. Y el mal nos acecha por uno u otro flanco… ¿Qué nos salva y qué da sentido a la experiencia humana?…. Sin duda, la fuerza del amor, como máxima expresión del bien. Como ejemplo de este sentimiento puro y genuino: el amor de los animales, adorables o no. Animales como eje central que cohesiona ambas partes de la serie, y TESTIGOS de la acción de agentes externos o internos que interactúan con uno mismo o con los demás.